El bosque de la memoria


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El bosque de la memoria

Tenía la mirada azul,

mi abuelo;

apenas decía nada.

Entre sus dedos dorados

siempre había un pitillo

cuya ceniza caía

cuando su mano temblaba.

–00–

Si la vida se escribe en un pelo blanco

y en las arrugas la historia del tiempo,

¿qué no habría en la mirada

de ese rostro arrugado

y cubierto de canas?

–00–

Se le caían los momentos,

como las hojas en otoño

se desprenden de sus ramas,

cubriendo el tiempo de hojarasca.

–00–

¿Por qué la mirada del decano,

tranquila y serena,

parecía no sorprenderse por nada?

Ya lo había visto.

Entre su broza lo guardaba.

Siempre era lo mismo,

pero aquello,

lo que él vivió,

su revuelta hojarasca,

guardaba en su trerrazo

cierta nostalgia.

En su bosque

de niebla cálida

reposaban tantas hojas…

No se sorprendía por nada.

© F. Urien

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2 comentarios en “El bosque de la memoria”

  1. “Si la vida se escribe en un pelo blanco

    y en las arrugas la historia del tiempo,

    ¿qué no habría en la mirada

    de ese rostro arrugado

    y cubierto de canas?”

    Muy bella imagen. Hay cierto encanto en las cicatrices y las arrugas de la gente. No sé si porque uno cree que cuentan cosas, o porque realmente lo hacen. Pero no importa. Son una muestra del paso del tiempo y, por ende, de la vida. Muy bello poema.

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